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Es lo malo de los libros (5)



16.
- …por cierto, también te andaba buscando para hacerte una invitación – suelta T cambiando radicalmente la conversación telefónica…
- esa seriedad de decir las cosas no es típica de ti – le digo a tono de broma…
- quiero que participes como ponente en una mesa redonda sobre el uso de drogas y cómo estás se están convirtiendo en una de las principales fuentes de contagio del sida…
- y yo qué diablos voy a saber de eso? – me quejo…
- no te hagas el extraterrestre que acaba de llegar a este planeta: hace poco diste una plática sobre la película Trainspotting de Danny Boyle – me ataja T – y es prácticamente lo mismo, sólo que esta vez quiero que lo enfoques a la novela de Irvine Welsh… 
- no jodas – me quejo…
- no seas cabrón – me reclama T – el evento es importante… el uso de algunas drogas y el contagio del sida se está expandiendo en forma terrible entre los jóvenes… de hecho está adquiriendo dimensiones tan preocupantes que es el propio gobierno quién está organizando el evento…
- eso no te lo discuto, pero…
- … y por eso la idea de organizar este evento – me interrumpe – en el que se espera que participe un representante de una organización no gubernamental, otro del sector salud por parte del gobierno, uno más de la comunidad gay, un músico aún por confirmar, alguien del medio cinematográfico: o sea yo – señala al tiempo que suelta una carcajada, pero de inmediato retoma la compostura - y me hace falta un escritor…
- puedes invitar a N – la interrumpo, pero ella continúa ignorándome…
- … esperamos la asistencia de unas mil personas, se hará la exhibición de una película del director Larry Clark, tocarán un par de grupos de ska, se regalarán miles de preservativos y además te van a pagar…
- te cae? – pregunto sorprendido de que alguna dependencia del gobierno decida retribuirme mi participación…
- no mucho – aclara – pero alcanzará para irnos a tomar unos tragos terminando el evento – agrega con malicia…
- de acuerdo – acepto finalmente - cuándo sería?…

Una semana después llegué un sábado por la tarde a un auditorio bastante amplio y cómodo, ubicado en la colonia San Rafael, en compañía de J, G y A (los dos primeros hermanos, integrantes de una contestataria banda de rock y recién desempacados de una exitosa gira que habían dado por Europa, el tercero un ingeniero de grabación con un prometedor futuro)…

El lugar estaba lleno… incluso podría decirse que rebasado, de ahí que la propia T se encontrara parada en la entrada principal, en espera de que se aparecieran los ponentes para pasarnos directamente a una pequeña oficina y evitarnos incomodidades, preferencia a la que obviamente me negué…

Una vez dentro del auditorio saludé a los conocidos con los que me crucé y anduve rondando por ahí para percibir el ambiente de los asistentes… a los pocos minutos los ponentes comenzaron a ocupar sus lugares y yo fui el último en incorporarse al pódium…

Las exposiciones transcurrieron sin mayores sobresaltos… en la mía no hice más que una referencia a la película Danny Boyle pues en realidad me concreté, como pidió T, a la novela Trainspotting de Irvine Welsh e incluí la lectura de un par de pasajes del libro que consideré adecuados para respaldar mi exposición… 

El problema empezó en el momento en que T dio inicio a la sesión de comentarios…


Apenas y T hizo el anuncio el representante de la comunidad gay, un joven regordete abiertamente homosexual (vestido de blanco, con diversos collares de plástico colgando al cuello y cargando en cada mano varias bolsas de plástico en las que se podían apreciar diversas piezas de pan a medio comer), se puso de pie y furioso me reclamó mi referencia a las personas enfermas de sida como “infectados”… lo peor de todo es que su enojado, nervioso y amanerado modo de gritar, lejos de molestarme, provocó una sonrisa burlona de mi parte, lo que exaltó más al reclamante…

Le pedí que me aclarara en dónde estaba la falta de respeto, cosa que según él hizo pero dejando la confusión en el mismo punto… ante un tenso silencio en el auditorio recordé otro pasaje escrito por Irvine Welsh, así que tomé el libro, busqué el párrafo y le di lectura para ejemplificar a través de palabras propias del autor que no había ninguna intención de descalificar a nadie, independientemente de su preferencia sexual… si bien varios de los asistentes estuvieron de acuerdo conmigo, el joven gay adoptó una actitud más beligerante y exigió que yo me disculpara ante todos los presentes por mis expresiones homofóbicas…

T ejerció sus funciones de moderadora, hizo la aclaración de que ella tampoco consideraba el uso de la palabra “infectados” como algo cercano a una actitud ni intolerante, ni burlona ni mucho menos homofóbica de mi parte y pidió en general objetividad al presídium para continuar con la sesión…

Después de algunos comentarios de parte de los demás ponentes la propia T dio por terminada la mesa redonda, pidiendo 10 minutos de receso para preparar la proyección del film Kids del director Larry Clark, sin embargo, en la pausa varios de los asistentes se acercaron hacia el presídium para platicar con los expositores, lo que fue aprovechado por el joven gay para acercarse a mi y sin más interrumpir una conversación que habían iniciado conmigo dos jovencitas, las cuales estaban interesadas seriamente en el tema por los riesgos de usar drogas vía intravenosa…

Al representante de la comunidad gay no le importó que la reiteración de sus reclamos, ahora ya en tono vociferante, asustaran a las jovencitas, las cuales finalmente se despidieron de mí con prisa…

- ese tipo de expresiones no se usa para referirse a un enfermo de sida – insistió ante mi impasible mirada…
- no lleva ninguna connotación – le dije al tiempo que me sentaba en mi silla, le daba un sorbo al vaso con agua que T me había acercado y veía de reojo mi ejemplar de la novela de Irvine Welsh colocada sobre un folder color azul que contenía lo que habría de ser mi exposición, pero que en realidad nunca consulté…

El representante de la comunidad gay se sentó a mi lado con intensión de continuar con sus reclamos, pero…
- ya córtale Rogelio – le dijo con firmeza T a sus espaldas – si ya se hicieron las aclaraciones pertinentes, para qué insistes con el tema?
- quiero una disculpa pública!!! – clamó el joven gay…
- y yo lo que quisiera es que dejaras de molestar – exclamó a su vez T…

En ese momento tres jovencitos se me acercaron y sin más preguntaron si era posible contagiarse de sida por inyectarse heroína, por lo que procedí a explicarles que la infección no sucedía por consumir la droga, sino por compartir la aguja con la que la administraran… más dada la posición en la que me encontraba sentado, para hablar con ellos tuve que darle un poco la espalda – sin pretenderlo - al joven gay…

Al escuchar mi respuesta los adolescentes sonrieron y se alejaron cuchicheando, lo que me permitió regresar a mi posición original sólo para descubrir que el joven gay había desaparecido al mismo tiempo que mi ejemplar de Irvine Welsh y mi inmaculado folder color azul…

Vamos: tampoco es que yo pueda afirmar que el representante de la comunidad gay haya sido el ladrón, pero al quejarme con T ella concluyó que él había sido el responsable… quedó de cuestionarlo para la próxima vez que lo viera, mientras yo daba el libro por perdido…

Me rencontré con J, G y A, los cuales no estaba interesados en quedarse a la proyección de la película, así que tomamos el camino fácil: ir a buscar una cantina para tomarnos unas cervezas… dejamos a T fuera de la parranda…


17.
A LL le gusta leer… y tiene buenos y variados gustos literarios, aunque he de reconocer que para mi tipo de lecturas las suyas parecerían un tanto conservadoras… pero ojo: parecerían… lo mejor de este asunto de los libros es que resulta bastante abierta cuando se le proponen autores que desconoce, no obstante esto tampoco quiere decir que todos los que se le sugieran terminen por gustarle…


Por esa misma versatilidad de consumo de literatura que posee, su conversación resulta agradable e interesante ya que puede transitar con gran facilidad de una detallada explicación sobre el significado de las ironías de German Dehesa, a diferenciar a un Jorge Ibargüengoitia cuando se ponía en plan humorístico o en uno sarcástico… pero por si fuera poco tiene la virtud de hipnotizar con sus palabras, lo que hace que irremediablemente la gente le ponga atención a todo lo que dice…

“Hipnotizar con sus palabras”, sí, porque entre muchas de sus actitudes bastante bien medidas, cuando habla no dice ni más ni menos de lo que hace falta… expresa sólo lo necesario para seguir manteniendo ese tipo de personalidad enigmática que a la mayoría de la gente siempre deja con ganas de saber más sobre lo que piensa, siente o hace… pero tampoco es que lo haga con alguna mala intención: es simplemente que la gente que siempre exige de más no entiende que se trata de un instinto básico de supervivencia para proteger su intimidad…

Más como a veces sucede con todos aquellos que hacemos de la lectura un cuasi-modo de vida, tiene un gran problema: su ritmo de lectura es intermitente… debido a razones que sólo quien la conoce llega a saberlo, LL es capaz de pasar varias semanas sin leer una página, aunque cuando decide consumir literatura puede llegar hacerlo de una manera que sólo podría definirse voraz

También suele pertenecer a ese ya cada vez más escaso círculo de personas que regala libros o simplemente los presta… pero también puede convertirse en ocasional retenedora de esos textos que llegan a sus manos, ya sea porque los compró o simplemente no los pidió pero le fueron ofrecidos por otros lectores que le prometen sensaciones desconocidas por su inigualable contenido…

Por ello no es de extrañar que en los acomodos y reacomodos que hace en su casa, descubra libros que compró pero que nunca abrió… o textos que le prestaron y nunca leyó por falta de tiempo, pues sus horas-minutos-segundos suele dividirlos en otras responsabilidades… o simplemente que en ese ir y venir o subir y bajar de su vida suceda que se pierdan aquellas obras que estaban esperando su turno… y que lo seguirán aguardando en un impreciso futuro mientras termina el texto en turno y que por azares del destino tiene en sus manos…

Eso sí: hay autores con los que LL termina entablando una especie de polémica, porque la manera en la que plasman la vida a través de sus argumentos difiere mucho de lo que a ella el destino se ha empeñado a entregarle con creces… tal es el caso del escritor inglés Nick Hornby…

En diversas ocasiones y dependiendo principalmente de su estado anímico, LL me ha preguntado si tengo libros que versen sobre X o Y tema… y dado que los argumentos sobre los que me cuestiona suelen estar basados en la conflictiva naturaleza humana, la he remitido a la amable y optimista visión que Nick Hornby tiene sobre la existencia… sin embargo, en cuestiones de la vida creo que su óptica y la mía difieren radicalmente, así que el escritor inglés nunca ha conseguido saciar sus inquietudes…

Me sucedió primero con la novela “Alta fidelidad”, la cual no terminó de cumplirle a LL las perspectivas que le prometí… y la razonable justificación que me expuso en algún momento fue que no podía involucrarse de lleno en la trama porque para ella eran totalmente desconocidos todos los grupos y las canciones de las que el protagonista (dueño de una tienda de discos antiguos) presume… y LL tenía toda la razón… así que le compartí el soundtrack de la película que se filmó basada en la novela y finalmente pudo ambientarse en ese Londres tan irreconocible que Hornby describe.. aunque debo reconocer que tampoco supe a ciencia cierta su opinión final sobre el texto…

Después me sucedió de nuevo cuando a otra petición suya la remití de nuevo a Hornby, esta vez a su novela “Juliet, desnuda”, la cual al prestarle entre otras cosas le aseguré destilaba pasión por todos lados… pero la reacción de LL fue más drástica ante este libro: simplemente no lo leyó…

Quiero pensar que la razón es el nuevo contexto en el que se está desarrollando su vida, sin embargo, en ese pensamiento quizá yo solito me engaño pues en este momento sí está leyendo y su lectura está centrada en el primer volumen de “Nocturna”, esa saga literaria iniciada por Guillermo del Toro y que muchas sorpresas sigue generando en el medio literario de los best-sellers…

Así que supongo que no podré convencerla de que los libros de Nick Hornby tienen “algo” que los hace disfrutables, pero quizá algún día sí pueda persuadirla de que me explique sus razones…

Es lo malo de los libros (1)


1.
Llego al edificio donde trabajo, registro mi entrada, saludo a los conocidos con los que me cruzo, entro al ascensor, aprieto el botón correspondiente, el aparatejo sube y llego a mi piso… sigo saludando hasta que llego a mi escritorio, dejo mis pertenencias en uno de sus extremos, enciendo la pc y abro el archivo word en el que estuve trabajando el día anterior…

Una hora después llega E, un tipejo que se supone es mi jefe y me saluda, pero se queda de pie a lado de mi escritorio… ve mi libro en turno y pregunta:

- y ahora que lees? – y de inmediato capto su tono burlón…
- un libro que tiene hojas con palabras impresas en color negro – le digo al tiempo que se lo extiendo… lo ve con desdén y no lo toma, lo que hace que me encabrone… lo dejo sobre mi escritorio y volteo a ver de nuevo mi monitor…
- tú lees pura literatura… novelas, relatos y cosas de esas – escupe con desprecio – y esas no sirven para nada…
- te equivocas en todo eso que dices – le atajo - lo que más he leído en mi vida ha sido historia… pero siendo literatura en general sirve de mucho…
- bueno – dice en plan retador – y después de todos los libros que has leído a lo largo de tu vida, dime qué has aprendido?
- que el ser humano es una mierda, que es lo peor que pudo haber caminado sobre la superficie de este planeta…
- por qué lo dices? – pregunta con curiosidad…
- mira: si hacemos caso a la teoría darwiniana de la evolución, hace muchos años el ser humano tenía que defenderse de inundaciones, de erupciones de volcanes, de sequías, de terremotos que derrumbaban sus cuevas, de dinosaurios glotones, del frío, de la falta de alimentos que aún no aprendían a cosechar…
- y? – pregunta confundido…
- ahora desde que sale de su casa mucha gente tiene que cuidarse del automovilista prepotente, del vecino pendenciero, del policía corrupto, del estafador, del hermano traicionero, de los vendedores ambulantes, de la come-hombres, del asaltante… pero por si fuera poco llega uno a su trabajo y hay que defenderse de los traidores, de los trepadores, de los vividores, de los corruptos, de los hipócritas, de los chismosos, de las insaciables sexuales, de los haraganes, de aquellas que creen poder manipular a los demás por su linda cara… pero principalmente hay que defenderse de los jodidos envidiosos y criticones…
- pues sí – dice E en un tono apenas audible, al tiempo que agacha la cabeza y se encamina a su escritorio…

2.
R me ve caminar en dirección al checador digital, me suelta un “licenciado ya te vas?”, lo saludo con un ademán y hago fila en espera de mi turno… esperar es un decir: soy el primero…

- y ahora que lees, licenciado? - R me suelta con ese típico tono burlón que ha adoptado recientemente para hacer alusión a la presencia permanente de un libro en mi mano…
- no creo que lo conozcas – le respondo previniendo uno de sus irónicos comentarios, así que le muestro la portada del libro que llevo en la mano izquierda…
- mejor deberías de ponerte a leer la biblia – insiste en molestar…
- ya la leí – le digo sin mucho interés…
- en serio? – pregunta al tiempo que voltea a ver con la mirada a sus vecinos para que le pongan atención…
- ajá – le digo - dos veces…
- en serio? dos veces? – pregunta ahora ya sorprendido…
- sí…
-dos veces? – me inquiere de nuevo, tratando se sembrar la duda ante su público – completa?
- sí – le respondo – así que ya puedo explicarte desde la “a” hasta la “z” todo lo que significan tus pecados…

Todo su público se ríe, él se apena y decide quedarse callado…


3.
- déjame ver tu libro – me dice M, una insaciable lectora de thrillers y betsellers…

Se lo entrego al tiempo que extiendo mi mano, sin decir nada, para que ella me permita ver el suyo…

- qué tal está? – me pregunta después de ver en qué pagina está el separador y antes de leer la contraportada…
- es un buen libro… Nick Hornby es un escritor muy interesante… – le digo al tiempo que por cortesía le pregunto por el suyo –
- está buenísimo – exclama con orgullo…
- se ve que John Grisham ya lleva varios libros publicados – le comento sobre el autor después de leer la contraportada…
- y tengo todos sus libros – presume - sólo me faltaba este que ya es un poco viejo y me costó mucho trabajo conseguir…

Llega el elevador, le regreso su libro y me da el mio, entramos juntos al mismo tiempo que otras 6 personas… mientras subimos dejamos el tema de los libros, ya que dos tipos que van con nosotros inician el siguiente diálogo:

- ya viste que mis víboras le ganaron el juego a tus guajolotas – presume uno…
- fue suerte de principiante – se defiende el otro…
- una goliza de 3 a 0 no es suerte…

Se abre la puerta del elevador en el piso 4, M se despide… la veo salir, suertuda…

4.
Doy por terminada la consulta con T: había ido a mi casa a que le tirara obi a su Eshu pues tenía algunas dudas que consideró sólo podrían aclarársele con este oráculo… salimos de la habitación destinada exclusivamente a trabajo de religión y regresamos a la sala… avisa que se sentará en uno de los sillones un rato “a descansar” y clava su mirada en mi repleto librero que abarca de piso a techo y de una pared a otra…

- te puedo preguntar algo? – dice T con una timidez que no termina por sonarme totalmente honesta…
- claro – le animo…
- ya leíste todos estos libros? – suelta al tiempo que señala el librero…
- sí – le digo levantando los hombros, no por pedantería, sino porque cada que alguien entra a mi casa siempre debo responder la misma pregunta…
- todos? –insiste con incredulidad…
- ajá – le digo aburrido, pero dado que no sé si su pregunta lleva doble sentido, me adelanto y agrego con pedantería tratando de que la aclaración aplaque sus inquietudes entrevistadoras – todos los que están aquí y los del otro librero que está allá en otra habitación… uno que nomás va de piso a techo…
- tienes otro librero? – suelta ahora sí en tono quisquilloso…
- aja… y los que no he leído están en otro lado esperando su turno…
- son muchos - dice en ese tono que no se sabe si es burla o respeto…
- pues… te he de confesar que considero haber leído poco, porque…
- cómo que pocos libros? – me interrumpe casi con un grito – y todo eso que tienes ahí qué es entonces?
- considero haber leído poco – comienzo de nuevo - porque la verdad es que el conocimiento universal (sic) es tan grande, la vida tan corta y los seres humanos somos tan pendejos, que a veces hay situaciones que sigo sin entender… y no quisiera morirme con muchas dudas en mi cabeza…
- como cuáles? – me reta…
- mmmmm – dudo unos instantes hasta que finalmente le respondo parafraseando a James Fogle – como saber por qué a veces a los seres humanos nos da miedo amarrarnos todas las mañanas las agujetas de los zapatos antes de salir de casa…


5.
R me ve caminar en dirección al checador digital, me suelta su fastidioso “licenciado ya te vas?”, lo saludo y como siempre hago fila…

- y ahora que lees? – repite su aburrida pregunta…
- “Rastros de Carmin” de Greil Marcus - leo el título en voz alta sin saber realmente por qué, pues de sobra sé lo que tengo en las manos…
- y de qué trata? – insiste en joder…
- pueeess – dudo en responderle – es un estudio donde el autor traza una línea que va desde el movimiento dadaísta hasta el brote del punk encabezado por Johnny Rotten, afirmando que toda rebelión cultural a seguido un comportamiento lineal que esconde el verdadero motor de cambio en las ideologías del mundo…
- y no te cansas de leer? – escupe R sin disimular que no ha entendido un carajo de lo que le dije…
- no – le respondo y tras mirarlo a los ojos, agrego – de hecho quisiera tener más tiempo para leer…
- lees mucho…
- tú también deberías hacerlo…
- no me da tiempo – se excusa…
- claro que tienes tiempo – le digo - todos los días haces dos horas de tu casa a la oficina y te avientas otras dos horas de regreso sin hacer nada más que verle el trasero a las viejitas – me burlo de su perverso gusto por las mujeres de la tercera edad - ahí podrías invertir tiempo en leer…
- sí, pero no… no licenciado…
- porque supongo que sabes leer – continúo – por alguna razón eres algo así como una llamarada de ingeniero…
- claro que soy ingeniero – se defiende - pero ya leí todo lo que me tocaba cuando cursé la universidad…
- deberías de leer… o por lo menos reintentarlo: por si ya lo olvidaste leer no duele…

6.
Se había trabajado religión en mi casa… estaban mis dos padrinos: un Babalowo y un Santero, sus esposas, la mía y un par de gentes más…

Obviamente todos estábamos cansadísimos, así que antes de irse habían decidido sentarse en los sillones de la sala a conversar un rato… y obviamente el tema fue la religión… en algún momento el Babalowo comenzó a citar unos patakies para explicarme algunas cosas…

- … y están muy interesantes – dijo – luego te presto un libro donde se explican con más detalle para que los leas con calma…
- gracias – atiné a decirle…
- al cabo a ti te gusta leer mucho – agregó señalando mi repleto librero…

Y se despidieron…

Al siguiente día fuimos al Ilé de mi padrino de Santo y en cuanto me vio entrar de inmediato se me acercó, puso su brazo sobre mis hombros (era mucho más alto que yo), y me dijo en tono por demás burlón:

- véngase mi chingón, mi ahijado el inteligente que le gusta taaaanto leer…
- buenos días M – le dije incómodo, controlando por respeto las ganas de zafarme de un manotazo…

Y en esa actitud estuvo durante casi dos semanas: en el momento en que yo llegaba a su casa, dejaba lo que estaba haciendo, se me acercaba, ponía su pesado brazo sobre mi y soltaba su véngase mi chingón, mi ahijado el inteligente que le gusta tanto leer…

Pero en cierta ocasión que llegamos a su casa y apunto de repetir su ritual, lo atajé entregándole una caja perfectamente empaquetada…

- y esto? – preguntó desconcertado…
- un regalo – le solté mirándolo con malicia…
- veamos – dijo al tiempo que se acomodaba en un banquillo y lo abría con curiosidad…
- espero te guste M – le dije…
- vaya, el libro – dijo una vez que terminó de desempacarlo y vio la portada…
- dijiste que ya no había – le solté – pero qué crees? lo encontré en una librería que vende cosas de religión en Miami - y agregué echándole en cara el esfuerzo - así que lo compré por internet desde hace un mes, pero apenas llegó…
- oye pues muchas gracias… en verdad que este libro vale mucho la pena tenerlo… tiene muchos secretos de religión que ya quisieran saber los mismitos cubanos…
- pues sí – le dije – es cosa de leer…

Y a partir de ese día dejó de joderme con su véngase mi chingón

Nick Hornby y sus amables reflexiones



Ser lector constante de la multifacética obra literaria de un escritor como Nick Hornby siempre provoca un dilema: o se continúa con la apasionada lectura del libro que se tenga entre las manos, o se deja de lado para ir a la fonoteca personal a buscar el cd que en ese momento está sirviendo de música de fondo para acentuar la esencia de alguna de los dilemas que están viviendo sus personajes…

Y es que este escritor británico nacido un mes de abril de 1957 en Redhill, no puede negar que la vida de cualquier persona siempre estará acompañada  de un “soundtrack” para acompañar tanto los momentos buenos como los malos que su propio destino le depara a cada paso en la vida, y que el propio Hornby se encarga de recordarnos que existe a lo largo de su ya extensa obra…

Formado simultáneamente entre la docencia y el periodismo, Nick Hornby pudo (y supo) aprovechar las comodidades que otorgan el haber nacido en una familia de clase media, dedicándose a satisfacer el gusto por la lectura y la creación literaria, misma que siempre cultivó aún a costa del impactante divorcio de sus padres cuando tenía 11 años… y a su vez enriqueció por una apasionada afición al futbol…

De acuerdo a sus biógrafos este escritor estudió literatura inglesa en la Universidad de Cambridge, trabajó como profesor de inglés y comenzó a escribir artículos y críticas musicales para diversos periódicos y revistas, hasta que a la edad de 35 años publicó su primera cuasi-reflexiva-novela: “Fiebre en las gradas”…

Desde entonces a mantenido una producción literaria entre novelas, cuentos y ensayos cuya diversidad (incluye su pasión futbolera) le ha llevado a ganar diversos premios que van desde el “William Hill Sports Book of the Year” en 1993, el  “E. M. Forster Award” en 1999, el “WH Smith Literary Award” en 2002 y el “ALA Best Books for Young Adults “en 2008… hasta el “British Sports Book Awards, Outstanding Contribution to Sports Writing” en el 2012 e incluso una nominación al Oscar como guionista por la película “An Education”…

¿Pero qué tiene de especial la literatura de Nick Hornby, que le ha hecho ser un escritor de importante éxito en Europa y América?... el saber crear una literatura amable, cargada de humanismo y buenas intenciones, que en el actual estado demencial en el que vive el mundo moderno (incluyendo la tan de moda creación literaria que explora tramas retorcidamente perversos), se convierte en un oasis para el alma, pese a que sus personajes en el fondo sean igual que nuestros vecinos o hasta nosotros mismos: unos cabrones y miserables mezquinos esclavos de nuestras decisiones… pero además cuenta con un impresionante plus describir la importancia de la música en la vida cotidiana de las personas…

Más tampoco debemos confundir a Nick Hornby como un escritor ligero, ingenuo o cursi… no, en realidad este inspirado creador nos demuestra en cada libro que si bien es esa mezquindad y egoísmo humano lo que tiene desde hace muchas décadas a la humanidad al borde del colapso, son las (cálidas) relaciones cotidianas las que finalmente desarman toda maldad que desde siempre anida en la destructiva naturaleza humana, característica narrativa que llevaría a tratar de ubicarlo en el indefinible género de la literatura universal debido a su profundo humor, su perspicacia y una ironía por demás aguda pero dulcemente disfrazada…


Sin embargo, es el mismo escritor quien se encarga de cerrar cualquier intento de encasillamiento sobre su estilo cuando afirma:

“¡No me preocupa realmente nada! Escribo los libros que quiero escribir, y los lectores responden o no. Sí que me importa asegurarme de que puedo seguir intentando explotar todo el potencial que tengo”.

Hornby destaca por otra virtud aparte de la literatura: sus libros ya forman parte de la cultura popular, y si bien esto se ha repetido hasta la náusea, no por ello podemos dejar de anotar que al hablar de sus libros se debe incluir al cine, pues varias de sus novelas han sido llevadas a la pantalla grande, y su eclético gusto musical, lo que en su conjunto podría definir a Nick como el reinventor de la cultura “pop”, pues sus tramas siempre incluyen la cultura popular (incluyendo en esta la vida común y corriente), como un nutriente que fortalece la bromista melancolía de cualquiera de sus personajes…

Eso sí, hay que aclarar que los gustos de Nick Hornby son refinados, y al menos en Inglaterra debe reconocerse que la cultura popular no es sinónimo de basura y estupidización… en realidad esta es el “si no” de una identidad nacional, de una ideología que ya lleva siglos reinventándose, lo cual se puede identificar en los temas tan universales que toca en sus obras, como la siguiente afirmación, por ejemplo, sobre el autismo (algo tan constante en toda la sociedad) de uno de sus personajes:

“Hay mucho debate al respecto entre los padres con hijos discapacitados. Un invento que cure a la gente quizá no sea la respuesta. Tal vez no deberíamos pensar en ello. Mi hijo Danny es muy diferente a otros chavales, pero también es muy feliz. ¿Será el mismo Danny si se cura de repente? Nunca tendremos una cura para todos y siempre habrá niños diferentes. Debemos aprender a valorar y aceptar a estos niños tal y como son”.

Llama siempre la atención que la obra literaria de este escritor inglés logre reflejar o retratar fielmente el estado evolutivo (sic) que está viviendo la sociedad en un determinado punto… por ejemplo, en su última novela “Juliet, desnuda” (2009) la verosímil descripción que hace a través de Wikipedia* de la personalidad de Tucker Crowe, músico cuasi auto-exiliado y uno de los tres protagonistas del libro pero verdadero motor de reflexión existencial de todos los personajes y de miles de desconocidos más, ha provocado en más de un confeso lector o crítico literario el deseo de que dicho rockero y su música existieran en la vida real…

 
Para que no quede dudas sobre la aguda visión que tiene de su entorno y del momento en el que vive, contexto ágilmente combinado con sus gustos personales, llama la atención la afirmación del propio autor cuando señala que “Juliet, desnuda” tenía la idea inicial de retratar a un escritor pero en vista de que éstos “son muy aburridos" (él mismo lo afirmó), decidió pasar del personaje devoto de la música de “Alta Fidelidad” (publicada en 1995 y quizá su libro más famoso), a uno más cercano a la realidad que supiera lo que es realmente colgarse una guitarra en el hombro y cantar frente a un micrófono…

Lo mismo sucede con su novela “Todo por una chica” publicada dos años antes (2007): el hip-hop y la cultura del skate-board (minimizada vulgarmente a la patineta) llevan un papel importante en la toma de conciencia de una identidad como la de los adolescentes, como comenzó a suceder hace algunos años por todo el mundo con el resurgimiento de ese considerado “deporte”…

Pero si hay un personaje constante en toda la obra de Hornby, como ya se mencionó, ese es la música… aunque declarado admirador de los ritmos británicos y norteamericanos por la ventaja del idioma, nunca deja de acotar que todo en la vida tiene un sentido, y para ello se refiere a la música misma como algo que:

“… me viene muy bien para hablar de la creatividad artística.”

Y es por ello que siempre el rock, en sus diferentes modalidades como el soul, hace acto de presencia tal como sucede con la novela “Alta fidelidad”, en el que ese género es el “leitmotiv” de su personaje central, Rob Fleming, de tal manera que éste mal-sobrevive (sic) como dueño de una tienda de discos descontinuados en Londres… subsiste, sí, pero feliz por hacer lo que le gusta… por ello en este sentido no duda al hablar de este género:

“Hablo de la energía, de un inexplicable optimismo, del esporádico sentimiento que nos vuelve invencibles, de la esperanza que se aferra a nosotros como el olor del cloro. De joven, el rock articulaba estos sentimientos. Ahora, más mayor, los estimula. En cualquier caso, el rock era y sigue siendo necesario porque: ¿quién no necesita optimismo y sentirse invencible, aunque sólo sea de vez en cuando?".

Y va más allá, al explicar su irónico punto de vista de por qué hay ciertos adultos que se aferran al mantener este género musical como parte de su vida:

“… y sobre todo, la obsesión de muchos señores por el rock'n roll, un cordón umbilical que los mantiene conectados a la juventud perdida”


Si bien es cierto que sus pasiones podrían encontrarse en todo lo que quepa entre la fronteras de la música (en un extremo) y el futbol (en el lado contrario), se ha dado lujos como el de publicar el libro “31 canciones" en 2003, en el que habla de aquellos temas musicales que “le hacen mover y le conmueven”, y lo hace con tal efectividad que por ello no es de extrañar que en su momento haya entrevistado a músicos difíciles como Bruce Springsteen sin mayor complicación… más llegado a un punto Hornby no es un idealista, no destila egolatría ni mucho menos pretende asumirse como perfeccionista ni visionario y para demostrarlo se define como un individuo con defectos:

“Mi temperamento es depresivo desde hace tiempo y los factores externos, aunque facilitan la vida, no alteran el carácter. Depresión es quizá una palabra fuerte. Soy pesimista y melancólico”.

Sin embargo, él mismo tiene una (la) respuesta a tan común enfermedad de este mundo globalizado, cuando se sincera:

"Siempre sospecho de las teorías que atribuyen a un libro cambios en la gente"… "Tengo el lado depresivo y el deseo de hacer bromas sobre la depresión".

Y es esta característica la que ha ido desarrollando cada vez con más maestría conforme han pasado los años posteriores a la publicación de “Fiebre en las gradas” en 1992, como sucede con las novelas “Un gran chico” en 1998, “Cómo ser buenos” en 2001, “En picado” de 2005, aparte de las ya señaladas: “Alta fidelidad”, “Todo por una chica” y “Juliet, desnuda”…

No se mal entienda, no es un autor de culto ni para iniciados… pero tampoco escribe novelas humorísticas ni mucho menos cómicas, no forma parte de esa generación de autores que producen textos de autoayuda a mansalva, tampoco es un improvisador de historias forzadas ni un bufón, mucho menos es simplista ni pretender definir a la humanidad en tres tipos de clases… eso sí: pesimistas empedernidos o maniaco depresivos, olvídense de encontrar entre líneas un pretexto para buscar una salida fácil…

 
Por el contrario: Nick Hornby es un excelente autor constantemente autobiográfico (él mismo lo reconoce) que nutre sus textos de todo lo que le (nos) rodea**, con argumentos bastante disfrutables, rayando en la ya definida amabilidad, aún y cuando el destino que tienen ciertos personajes en sus libros no sea el típico “final feliz”… por si fuera poco también es un excelente narrador que sabe economizar las palabras, que evita la verborrea pero sabe cuando pasar de la discreta sonrisa a la sonora carcajada en el lector, que conoce la verdadera esencia de las relaciones humanas, que no deja sub-tramas sin atar pero a su vez sabe arreglar cualquier universo por muy roto que esté, y lo mejor: su indiscutible creatividad para tratar el alma de los leyentes y de los propios personajes con gran fino realismo, le han permitido convertirse en una referencia obligada dentro del panorama de la literatura contemporánea…

Y quizá su principal virtud sea recordarnos que en nuestra cotidianeidad las decisiones están basadas, aunque no nos demos cuenta, en la búsqueda de la felicidad y que las consecuencias de tomarlas, debido a nuestro egoísmo resultante de una efímera auto-satisfacción, siempre terminan diluyéndose en la ambición desmesurada que nunca nos permite estar conformes por haber obtenido lo que buscamos… y es entonces cuando iniciamos una nueva búsqueda…  

Cualquiera de sus libros, públicados en su mayoría por Editorial Anagrama, es altamente recomendable...

* Wikipedia es considerada en la actualidad una fuente de información más o menos objetiva para mucha gente, aunque también cuenta con sus detractores que no se cansan de lanzarle acusaciones que van desde ser “imprecisa”, “informal” y “carente de seriedad”… hasta calificativos como “pro-semita” e incluso “censuradora”...

** No es necesario vivir en Inglaterra, lugar de origen de este escritor, para saber que la mezquindad y la hijoputez anida, crece y se reprododuce en todo el mundo y en cualquier rincón del alma del ser humano