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Es lo malo de los libros (1)


1.
Llego al edificio donde trabajo, registro mi entrada, saludo a los conocidos con los que me cruzo, entro al ascensor, aprieto el botón correspondiente, el aparatejo sube y llego a mi piso… sigo saludando hasta que llego a mi escritorio, dejo mis pertenencias en uno de sus extremos, enciendo la pc y abro el archivo word en el que estuve trabajando el día anterior…

Una hora después llega E, un tipejo que se supone es mi jefe y me saluda, pero se queda de pie a lado de mi escritorio… ve mi libro en turno y pregunta:

- y ahora que lees? – y de inmediato capto su tono burlón…
- un libro que tiene hojas con palabras impresas en color negro – le digo al tiempo que se lo extiendo… lo ve con desdén y no lo toma, lo que hace que me encabrone… lo dejo sobre mi escritorio y volteo a ver de nuevo mi monitor…
- tú lees pura literatura… novelas, relatos y cosas de esas – escupe con desprecio – y esas no sirven para nada…
- te equivocas en todo eso que dices – le atajo - lo que más he leído en mi vida ha sido historia… pero siendo literatura en general sirve de mucho…
- bueno – dice en plan retador – y después de todos los libros que has leído a lo largo de tu vida, dime qué has aprendido?
- que el ser humano es una mierda, que es lo peor que pudo haber caminado sobre la superficie de este planeta…
- por qué lo dices? – pregunta con curiosidad…
- mira: si hacemos caso a la teoría darwiniana de la evolución, hace muchos años el ser humano tenía que defenderse de inundaciones, de erupciones de volcanes, de sequías, de terremotos que derrumbaban sus cuevas, de dinosaurios glotones, del frío, de la falta de alimentos que aún no aprendían a cosechar…
- y? – pregunta confundido…
- ahora desde que sale de su casa mucha gente tiene que cuidarse del automovilista prepotente, del vecino pendenciero, del policía corrupto, del estafador, del hermano traicionero, de los vendedores ambulantes, de la come-hombres, del asaltante… pero por si fuera poco llega uno a su trabajo y hay que defenderse de los traidores, de los trepadores, de los vividores, de los corruptos, de los hipócritas, de los chismosos, de las insaciables sexuales, de los haraganes, de aquellas que creen poder manipular a los demás por su linda cara… pero principalmente hay que defenderse de los jodidos envidiosos y criticones…
- pues sí – dice E en un tono apenas audible, al tiempo que agacha la cabeza y se encamina a su escritorio…

2.
R me ve caminar en dirección al checador digital, me suelta un “licenciado ya te vas?”, lo saludo con un ademán y hago fila en espera de mi turno… esperar es un decir: soy el primero…

- y ahora que lees, licenciado? - R me suelta con ese típico tono burlón que ha adoptado recientemente para hacer alusión a la presencia permanente de un libro en mi mano…
- no creo que lo conozcas – le respondo previniendo uno de sus irónicos comentarios, así que le muestro la portada del libro que llevo en la mano izquierda…
- mejor deberías de ponerte a leer la biblia – insiste en molestar…
- ya la leí – le digo sin mucho interés…
- en serio? – pregunta al tiempo que voltea a ver con la mirada a sus vecinos para que le pongan atención…
- ajá – le digo - dos veces…
- en serio? dos veces? – pregunta ahora ya sorprendido…
- sí…
-dos veces? – me inquiere de nuevo, tratando se sembrar la duda ante su público – completa?
- sí – le respondo – así que ya puedo explicarte desde la “a” hasta la “z” todo lo que significan tus pecados…

Todo su público se ríe, él se apena y decide quedarse callado…


3.
- déjame ver tu libro – me dice M, una insaciable lectora de thrillers y betsellers…

Se lo entrego al tiempo que extiendo mi mano, sin decir nada, para que ella me permita ver el suyo…

- qué tal está? – me pregunta después de ver en qué pagina está el separador y antes de leer la contraportada…
- es un buen libro… Nick Hornby es un escritor muy interesante… – le digo al tiempo que por cortesía le pregunto por el suyo –
- está buenísimo – exclama con orgullo…
- se ve que John Grisham ya lleva varios libros publicados – le comento sobre el autor después de leer la contraportada…
- y tengo todos sus libros – presume - sólo me faltaba este que ya es un poco viejo y me costó mucho trabajo conseguir…

Llega el elevador, le regreso su libro y me da el mio, entramos juntos al mismo tiempo que otras 6 personas… mientras subimos dejamos el tema de los libros, ya que dos tipos que van con nosotros inician el siguiente diálogo:

- ya viste que mis víboras le ganaron el juego a tus guajolotas – presume uno…
- fue suerte de principiante – se defiende el otro…
- una goliza de 3 a 0 no es suerte…

Se abre la puerta del elevador en el piso 4, M se despide… la veo salir, suertuda…

4.
Doy por terminada la consulta con T: había ido a mi casa a que le tirara obi a su Eshu pues tenía algunas dudas que consideró sólo podrían aclarársele con este oráculo… salimos de la habitación destinada exclusivamente a trabajo de religión y regresamos a la sala… avisa que se sentará en uno de los sillones un rato “a descansar” y clava su mirada en mi repleto librero que abarca de piso a techo y de una pared a otra…

- te puedo preguntar algo? – dice T con una timidez que no termina por sonarme totalmente honesta…
- claro – le animo…
- ya leíste todos estos libros? – suelta al tiempo que señala el librero…
- sí – le digo levantando los hombros, no por pedantería, sino porque cada que alguien entra a mi casa siempre debo responder la misma pregunta…
- todos? –insiste con incredulidad…
- ajá – le digo aburrido, pero dado que no sé si su pregunta lleva doble sentido, me adelanto y agrego con pedantería tratando de que la aclaración aplaque sus inquietudes entrevistadoras – todos los que están aquí y los del otro librero que está allá en otra habitación… uno que nomás va de piso a techo…
- tienes otro librero? – suelta ahora sí en tono quisquilloso…
- aja… y los que no he leído están en otro lado esperando su turno…
- son muchos - dice en ese tono que no se sabe si es burla o respeto…
- pues… te he de confesar que considero haber leído poco, porque…
- cómo que pocos libros? – me interrumpe casi con un grito – y todo eso que tienes ahí qué es entonces?
- considero haber leído poco – comienzo de nuevo - porque la verdad es que el conocimiento universal (sic) es tan grande, la vida tan corta y los seres humanos somos tan pendejos, que a veces hay situaciones que sigo sin entender… y no quisiera morirme con muchas dudas en mi cabeza…
- como cuáles? – me reta…
- mmmmm – dudo unos instantes hasta que finalmente le respondo parafraseando a James Fogle – como saber por qué a veces a los seres humanos nos da miedo amarrarnos todas las mañanas las agujetas de los zapatos antes de salir de casa…


5.
R me ve caminar en dirección al checador digital, me suelta su fastidioso “licenciado ya te vas?”, lo saludo y como siempre hago fila…

- y ahora que lees? – repite su aburrida pregunta…
- “Rastros de Carmin” de Greil Marcus - leo el título en voz alta sin saber realmente por qué, pues de sobra sé lo que tengo en las manos…
- y de qué trata? – insiste en joder…
- pueeess – dudo en responderle – es un estudio donde el autor traza una línea que va desde el movimiento dadaísta hasta el brote del punk encabezado por Johnny Rotten, afirmando que toda rebelión cultural a seguido un comportamiento lineal que esconde el verdadero motor de cambio en las ideologías del mundo…
- y no te cansas de leer? – escupe R sin disimular que no ha entendido un carajo de lo que le dije…
- no – le respondo y tras mirarlo a los ojos, agrego – de hecho quisiera tener más tiempo para leer…
- lees mucho…
- tú también deberías hacerlo…
- no me da tiempo – se excusa…
- claro que tienes tiempo – le digo - todos los días haces dos horas de tu casa a la oficina y te avientas otras dos horas de regreso sin hacer nada más que verle el trasero a las viejitas – me burlo de su perverso gusto por las mujeres de la tercera edad - ahí podrías invertir tiempo en leer…
- sí, pero no… no licenciado…
- porque supongo que sabes leer – continúo – por alguna razón eres algo así como una llamarada de ingeniero…
- claro que soy ingeniero – se defiende - pero ya leí todo lo que me tocaba cuando cursé la universidad…
- deberías de leer… o por lo menos reintentarlo: por si ya lo olvidaste leer no duele…

6.
Se había trabajado religión en mi casa… estaban mis dos padrinos: un Babalowo y un Santero, sus esposas, la mía y un par de gentes más…

Obviamente todos estábamos cansadísimos, así que antes de irse habían decidido sentarse en los sillones de la sala a conversar un rato… y obviamente el tema fue la religión… en algún momento el Babalowo comenzó a citar unos patakies para explicarme algunas cosas…

- … y están muy interesantes – dijo – luego te presto un libro donde se explican con más detalle para que los leas con calma…
- gracias – atiné a decirle…
- al cabo a ti te gusta leer mucho – agregó señalando mi repleto librero…

Y se despidieron…

Al siguiente día fuimos al Ilé de mi padrino de Santo y en cuanto me vio entrar de inmediato se me acercó, puso su brazo sobre mis hombros (era mucho más alto que yo), y me dijo en tono por demás burlón:

- véngase mi chingón, mi ahijado el inteligente que le gusta taaaanto leer…
- buenos días M – le dije incómodo, controlando por respeto las ganas de zafarme de un manotazo…

Y en esa actitud estuvo durante casi dos semanas: en el momento en que yo llegaba a su casa, dejaba lo que estaba haciendo, se me acercaba, ponía su pesado brazo sobre mi y soltaba su véngase mi chingón, mi ahijado el inteligente que le gusta tanto leer…

Pero en cierta ocasión que llegamos a su casa y apunto de repetir su ritual, lo atajé entregándole una caja perfectamente empaquetada…

- y esto? – preguntó desconcertado…
- un regalo – le solté mirándolo con malicia…
- veamos – dijo al tiempo que se acomodaba en un banquillo y lo abría con curiosidad…
- espero te guste M – le dije…
- vaya, el libro – dijo una vez que terminó de desempacarlo y vio la portada…
- dijiste que ya no había – le solté – pero qué crees? lo encontré en una librería que vende cosas de religión en Miami - y agregué echándole en cara el esfuerzo - así que lo compré por internet desde hace un mes, pero apenas llegó…
- oye pues muchas gracias… en verdad que este libro vale mucho la pena tenerlo… tiene muchos secretos de religión que ya quisieran saber los mismitos cubanos…
- pues sí – le dije – es cosa de leer…

Y a partir de ese día dejó de joderme con su véngase mi chingón

La fiesta del fin del milenio


1.
Por ahí de 1999 el extraordinario músico mexicano Rafael Catana decidió organizar una fiesta por el fin del milenio y pensó que la mejor manera de recibir al temido año 2000 era con un festejo a todo lo que se diera posible… y lo hizo…

2.
En mi trabajo nos “acuartelaron” a todos los responsables de los sistemas durante 2 días y nos advirtieron que había una solicitud de establecer acciones de seguridad informática a nivel nacional, pues se estaba previniendo que el famoso cambio de fechas no contemplado en el código binario de Microsoft de su DOS, le diera al traste a toda la información disponible en todos lados y por ello se había instrumentado un plan de contingencia para prevenir un caos computacional… horror con las mentiras: yo sabía que no pasaría nada pero nos estaban amenazando para seguir al pié de la letra toda esa andanada de sandeces, así que esa presión me llevó a mi instrumentar mi plan de contingencia: respaldar dos juegos de mi sistema en discos compactos, y uno guardarlo en mi escritorio y otro debajo de mi cama… y después lo único a lo que me dediqué fue a esperar que Rafael Catana me diera la dirección del lugar donde sería el gran acontecimiento: no podía aportarles más ayuda que mi presencia con mis ganas de divertirme…

Llegó la dirección de la fiesta por teléfono en voz de Esteban, junto con la petición de que yo llevara mi auto porque pensaba llevar a Laura (su novia); la fiesta sería cerca del Ajusco y el frío ya se dejaba sentir sobre el de efe porque obviamente estábamos ya en el mes de diciembre…

Todo pintaba bien, sobre todo porque el lugar en donde sería la celebración era una casa que se estaba usando para la filmación de un film mexicano que nunca supe con qué nombre se estrenó… pero eso no era lo bueno, lo mejor, dijo Catana, es que también estarían algunos de los actores, entre ellos una guapa actriz que ya no recuerdo su nombre (puff qué emoción)…

Así que ahí íbamos en mi auto, dando algunos traguitos a una botella de ron que yo educadamente había comprado para no llegar con las manos vacías y escuchando a Talking Heads… llegamos relativamente rápido: Esteban siempre fue un vago y de inmediato ubicó en dónde estaba el lugar, una inmensa casa que por el tamaño de las paredes dejaba ver que el dueño no era afecto a las visitas, pero que para esa ocasión había dejado un gran portón abierto para que los visitantes entraran y salieran a su antojo… o al menos eso creía porque apenas introduje el carro y dos tipos armados y mal encarados hicieron su aparición, pidieron bajara los cristales para observarnos y solicitaron nuestros nombres, mismos que fueron cotejados en una lista y de inmediato esto provocó un sorpresivo cambio de expresión que se transformó en amabilidad…

Entramos…

Nunca me imaginé estar en una gran fiesta con varias fiestas: una, afuera del gran caserón construido hermosamente con piedra de cantera, había una inmensa fogata ante la cual muchas personas conversaban, comían, tomaban tragos o simplemente fumaban… optamos por entrar y descubrimos la otra fiesta: adentro docenas de personas hacía lo mismo, pero aparte de ello algunas bailaban al ritmo que tocaba un grupo de entre cuyas gentes vi rostros familiares, esa era la idea: cualquiera que quisiera podía subir a un pequeño escenario y pedir el instrumento que deseara para unirse al grupo a tocar ya que la condición era que la música no se detuviera toda la noche… y lo mejor: no importaba que no supieras interpretar dos notas seguidas… y la siguiente fiesta, de alguna manera más privada, se daba en las camas de cada una de las recámaras de la casa…

Pero antes que nada y después de todo salió a nuestro paso Rafael Catana para darnos la bienvenida, abrazarnos, quitarnos nuestra botella de ron (no sin antes ver que ya había sido saqueada a sorbitos casi hasta la mitad) y para de paso señalarnos que era el único momento en que se acercaría como anfitrión, pues el resto era problema de nosotros: señaló la cocina donde había bastante comida y abundante trago y desapareció tras una guapa mujer que al pasar a nuestro lado le alborotó el cabello con un sensual movimiento de manos…

Obvio que entramos a la cocina con la intención primero de cenar y después de servirnos un trago, pero apenas y veíamos la oferta de comida la misma chica entró tras nuestros pasos, tomó un plato y me preguntó que deseaba comer… señalé algunos bocadillos, mismos que también puso con cierta coquetería en el plato (será posible servir alimentos con sensualidad?), y después procedió a prepararme una cuba sin ni siquiera preguntarme si me gustaba el ron… me dio el vaso, me miró a los ojos, sonrió y salió de la habitación…

Esteban soltó una carcajada pero Laura apenas y sonrió… ellos prepararon sus platos y sus bebidas y salimos, pero casi al momento me encontré con Gustavo: un extraño tipo que se dedicaba a conseguir insólitos libros en librerías ubicadas en cualquier parte del mundo (mismos que después revendía), y que al verme de inmediato me gritó: “ya te tengo tu encargo”, así que dejé que mi pareja de amigos siguiera su camino para yo dedicarme a lo que siempre tenía que hacer con Gustavo: la negociación del precio del encargo “Rastros de carmín (una historia secreta del siglo XX)” de ese genio de la crítica cultural llamado Greil Marcus… pero el trato se hizo rápido pues cuando el tenedor de libros estaba tomado solía vender sus adquisiciones casi a precios de risa, y en ese momento él ya estaba algo borracho…

Terminé de cenar, apuré el contenido de mi vaso y fui a guardar la preciada joya a mi auto para evitar cualquier eventualidad etílica… regresé en busca de otra cuba y para mi sorpresa en la cocina estaba la misma chica que me había servido de cenar: estaba terminando de prepararse su bebida, me vio, le dio un pequeño sorbo a su vaso y nuevamente con un movimiento lleno de coquetería me lo entregó: era apenas mi segundo trago y nuevamente había sido servido por ella… salió de la cocina y yo seguí sus pasos, pero no siguiéndola sino en busca de que el baterista o el bajista del grupo que estaba tocando me cediera su instrumento para unirme al sabroso jam que estaban haciendo sobre una rola de Santana…

Pero en el camino nuevamente me interceptó Gustavo para llevarme a un rincón y presentarme no sólo a su bellísima acompañante francesa, sino para abrir también una maleta que tenía tirada sobre el piso llena de los más increíbles libros: me olvidé de la chica-preparadora-de-mis-cubas y del posible jam con el grupo…

Tras media hora cerré un nuevo trato y me convertí en una persona con otro libro nuevo bajo el brazo… fui feliz con mi vaso vacío de nuevo hacia la cocina pero me encontré muy sonriente a Laura conversando con otra chica (la actriz), pero apenas y me vio se puso seria, la artista se dio cuenta y salió pensando quizá que mi amiga y yo teníamos algún pendiente por aclarar…

- ¿Quieres una cuba? – me preguntó Laura…

- No es mala idea – le respondí…

- Pues es una lástima, porque el ron se terminó – soltó burlona – si quieres ahí hay una botella de tequila del corriente - dijo dándome la espalda y saliendo de la cocina sin decir más…

Me reí, revisé las botellas y descubrí que debajo de una mesa había varias botellas de un ron fabricado en el Caribe, me preparé un trago y salí nuevamente rumbo hacia donde tocaba el grupo… me senté en un largo sillón frente a ellos y decidí olvidarme del jam: mejor dejarlos que continuaran con ese sabroso blues que estaban interpretando… Catana se sentó junto a mí y me entregó una guitarra… decliné… pero mi vecino (un desconocido) aceptó, se colgó la guitarra y subió al escenario para hacer el ridículo: no sabía tocar, pero ante el complot que significaba el fin del mundo ante el fin del milenio, todo estaba permitido, y hasta recibió etílicos y mareados aplausos…

Mientras del otro lado de la casi-mansión y a través de los pasillos que daban hacia las recámaras, parejas iban y venían después de terminar su fiesta privada, algunas, o a punto de comenzar la suya, las otras… yo opté por salir de la casa ante el grotesco sonido que salía de la guitarra…

Greil Marcus

Deambulé por los jardines con mi vaso en la mano y mi libro nuevo en la otra mientras pensaba si habría en algún lugar otro tipo de fiesta, quizá alguna más privada y puede que hasta de tipo “escabroso”: con esas gentes y en ese medio nada se sabe y todo puede pasar… lo que sí me percaté es que discretos se asomaban algunos hombres vestidos de paisano que portaban larguísimos machetes en la cintura: eran otros de los cuidadores de la casa… me acerqué a la fogata para ver sus gigantes y anaranjadas llamas con la punta amarilla, casi al mismo tiempo en que mi cuba se terminaba de evaporar… pero al poco se acercó un tipo con una botella de ron en un mano y un refresco en la otra para ofrecerme un trago… obvio que lo acepté…

Seguí con la terapia de consumir mi cuba con pequeños tragos mientras miraba el fuego, hasta que una sensual voz me dijo casi al oído un “hola”… voltee y descubrí a mi lado a la chica-preparadora-de-cubas… le regresé su “hola” con otro igual, me miró a los ojos, dio una calada más y antes de vaciar sus pulmones me ofreció un gigantesco cigarro de marihuana, mismo al que decliné con educación y cuyo rechazo hizo que la antes-chica-preparadora-de-cubas transformara su mirada sensual en una cercana al desprecio contra mí, se diera media vuelta y se alejara sin decir nada… pero… en el camino se encontró con Laura, la cual se dirigía hacia donde yo estaba parado, le entregó el cigarro de marihuana y mi amiga lo aceptó gustosa… y no la volví a ver ni a recibir cubas-llenas-de-coquetería el resto de la noche…

Laura se paró a mi lado con una extraña mirada, fumó largamente en silencio y al final me ofreció el cigarrillo: lo rechacé también, se rio y se lo entregó a una pareja que pasaba cerca de nosotros… nos quedamos mirando la fogata… en silencio… la vi un par de veces de reojo y vi una vaciedad bastante extraña en sus ojos… pero seguimos en silencio hasta que apareció Esteban detrás de nosotros, la tomó por la cintura, la besó y viéndome también raro, me dijo:

- ¡Ya te vi galanteando con mi novia! – y soltó una carcajada…

- Estás bien pendejo – le dije…

(aunque días después aparentemente ella sí usó su galantería con mi entrañable – por aquello de que ya murió - amigo Jorge en una confusa situación que provocó que Esteban y Laura se liaran a golpes dentro del auto de ésta, y que a su vez llevó a que él aceptara como reconciliación irse a vivir con ella a su nebulosa casa llena de fantasmas, propuesta que ella le hacía insistentemente desde hacía meses pero que él rechazaba… vaya con esa otra fiesta del fin del milenio, aunque esta vez en casa de un amigo norteamericano, que también dio muchas anécdotas y que entre otras cosas me permitió conocer a un extraño pero simpático italiano llamado Vittorino que se ganaba la vida vendiendo ropa de piel que traficaba desde áfrica)…

La mirada de Laura cambió y do señales de vida de nuevo, los tres nos reímos y ella comenzó a bailar sensualmente ante él hasta que tomándolo de la mano lo jaló hacia la casa, supongo que a bailar con el pegajoso ritmo de una rola de Bob Marley que estaba tocando la improvisada banda…

Seguí con mi trago hasta que un joven se acercó discretamente con un cigarro de marihuana, mismo que fumaba con impaciencia… cuando sus pulmones se hartaron de almacenar tanto humo verde, me lo ofreció… una vez más lo rechacé… levantó la mirada, se plantó retador ante mí y me dijo con rabia:

- A una mujer nunca se le dice que “no”, cabrón (haciendo alusión, yo entendí, a la negativa que le di a la preparadora de cubas-llenas-de-coquetería)…

Me le quedé viendo, terminé mi cuba de un solo trago, arrojé el vaso lejos y me disponía a adelantarme en eso de soltar los golpes (y a punto de romper mi regla de no ser yo quien soltara el primero si se trataba de pelear), cuando uno de los tipos vestido de paisano puso una botella de mezcal entre el fumador-de-hierba y yo… él volteó a verlo furioso, pero lo primero que encontró su mirada fue el machete, abrió exageradamente los ojos, bajó la vista, dio media vuelta y se alejó asustado… yo acepté la botella de mezcal, la descorché (estaba nueva), le di un largo trago y se la acerqué al paisano, pero este la rechazó... los dos nos quedamos en silencio viendo la fogata hasta que él se dio media vuelta y se fue sin decir nada… seguí bebiendo del pico la botella hasta que regresaron Esteban y Laura… ella me quitó la botella y bebió de ella, después se la pasó a mi amigo y también le dio un largo trago y después nos dedicamos a conversar durante un buen rato mientras ellos fumaban cigarrillos…

Laura sugirió entrar a la casa… se supone que los tres nos dirigíamos hacia allá pero por alguna razón volteé hacia el firmamento y vi la difícil señal de que en breve comenzaría a clarear el día… y me sentí cansado… Esteban y Laura se detuvieron, voltearon a verme y de pronto los tres sin decirlo coincidíamos en el cansancio…

Saqué las llaves de mi auto y se la entregué a Laura (Esteban no manejaba), al mismo tiempo que Catana se asomaba por la puerta de la casa y levantando orgulloso un bajo repetía mi nombre y me hacía señas para que entrara a la casa y me uniera al grupo… le hice una señal con el dedo medio y me reí, Esteban y Laura voltearon a ver a Rafael y levantaron los hombres en solidaridad conmigo… me di media vuelta y me encaminé hacia mi auto seguido por mis amigos…

Le entregué a Laura las llaves…

3.
Una vez que me acomodé en el asiento trasero, arrojé el segundo libro adquirido encima del primero y le pedí a Esteban un cigarrillo…

- Tú no fumas – protestó Laura, pero la mirada de Esteban hizo que mejor se enfocara a encender el auto…

Al tiempo mi amigo me entregó el cigarrillo y yo le di la botella de mezcal… el auto se puso en movimiento e iniciamos un discreto descenso por las empinadas calles de la boscosa zona del Ajusco… íbamos en silencio mientras en el estéreo ese prodigio llamado Peter Murphy cantaba "Cuts you up" hasta que Laura se volteó y me preguntó por qué iba tan callado…

- Pienso - le dije…

- ¿Se puede saber en qué? – inquirió ella…

Dudé en la respuesta… reflexioné una vez más sobre las computadoras y en un número 2000 de neón gigante… me reí y le dije:

- En que ojalá en unos días el año 2000 termine con muchas cosas…

Ella levantó los hombros y siguió manejando, Esteban tomó un trago de mezcal y yo pedí otro cigarrillo mientras terriblemente el cielo comenzó a clarear y mi cuerpo comenzó a temblar en algo parecido a espasmos vampíricos: no soporto ver el amanecer…